UA-195580190-1
top of page

Carrillada al Oloroso


Proceso de cocción con vino oloroso – Imagen de la carne en plena cocción con vino oloroso y verduras aromáticas.

Hay platos que no vienen de la prisa, sino de la memoria. La carrillada ibérica al oloroso es uno de ellos. Nace de esa cocina antigua que pasaba de abuelas a madres, donde se aprovechaba bien cada producto, se cocinaba sin correr y las especias tenían mucho que decir.


En esta receta se utiliza una de las carnes más sabrosas del cerdo: la carrillada ibérica. Bien guisada, a fuego lento y con paciencia, queda tierna, melosa y llena de sabor. El vino oloroso le aporta profundidad, carácter y ese fondo tan nuestro que convierte un guiso sencillo en una tapa de las que se disfrutan despacio.


Cebolla, laurel, tomillo, orégano, pimienta, aceite de oliva y sal completan una receta que huele a cocina de casa, a mesa compartida y a pan cerca para no dejar nada en el plato. Porque una buena carrillada no se come con prisas: se saborea.


Es un tapeo perfecto para cualquier época del año. Apetece en invierno por su calidez, pero también en primavera, verano u otoño cuando uno quiere sentarse en un tabanco, pedir una copa de vino de Jerez y disfrutar de algo auténtico.


En Tabanco El Anticuario, en calle Tornería nº 3, esta tapa encaja de maravilla con el ambiente del centro histórico de Jerez: tradición, vinos generosos, buena conversación y ese encanto que solo tienen los sitios con alma.


Y más aún en un año tan especial, con Jerez como Capital Española de la Gastronomía 2026, donde cada tapa se convierte en una pequeña forma de conocer la ciudad. La carrillada ibérica al oloroso es justamente eso: una receta con historia, producto, paciencia y sabor jerezano.


Una tapa para pedir, repetir y recomendar.


Tapeo de todo el año


Ingredientes

Carrillada ibérica, vino oloroso, cebollas, orégano, tomillo, pimienta, laurel, sal y aceite de oliva.


Presentación final en mesa andaluza – Una tapa servida con copa de vino, ideal para tapeo tradicional

Para acompañarla, nada mejor que un vino oloroso, un amontillado o un palo cortado. Tres vinos con personalidad, capaces de abrazar la intensidad del guiso y hacer que cada bocado tenga todavía más sentido.




Comentarios


bottom of page